D. Francisco Sánchez Sosa, cariñosamente conocido como Manolito Sánchez, fue un ciudadano que dejó una huella imborrable en el corazón de Puerto Rico, Gran Canaria. 

Nacido en 1905 en San Mateo, este hombre excepcional llegó a Puerto Rico en 1930, marcando el inicio de una historia que perduraría en la memoria de su comunidad.

Desde sus primeros días en este pintoresco rincón, D. Francisco se sumergió en la vida de Puerto Rico desempeñando un papel vital en los motores de los pozos locales. Su labor incansable y dedicación en los pozos de la parte alta y la parte baja del Valle de Puerto Rico se convirtieron en un testimonio del arduo trabajo que define la esencia misma de este lugar.

Actualmente, el nombre de este barrio evoca la majestuosidad de los motores que una vez allí se encontraban, siendo popularmente conocido el «Motor Grande».

 
 

Manolito Sánchez no solo contribuyó al desarrollo de su comunidad, sino que también se convirtió en uno de los primeros habitantes del Valle de Puerto Rico.

Su conexión con la tierra se manifestó a través de su dedicación a las labores agrícolas, siendo un pionero en la plantación de tomateros. Con la colaboración de su esposa, compartió la visión de cultivar y cosechar en los invernaderos que se erigían majestuosos en la zona.

Pero su legado va más allá de la maquinaria y los campos de cultivo: Manolito Sánchez se convirtió en un pilar de la comunidad, un referente de tenacidad y esfuerzo que inspiró a generaciones posteriores.

Su contribución a la identidad de Puerto Rico es innegable, y su memoria perdura en cada rincón de este pueblo.

D. Francisco Sánchez Sosa, Manolito Sánchez, fue un hombre cuyo espíritu visionario y laborioso construyó puentes entre generaciones, dejando un impacto que trasciende el tiempo.

Hoy, al recordar su vida y legado, celebramos la figura de un hombre que dedicó su existencia a forjar el alma de su barrio.